Instituido por el Parlamento Europeo en 2009, el Día Europeo de Conmemoración de las Víctimas de Todos los Regímenes Totalitarios y Autoritarios se celebra el 23 de agosto. Con este motivo, la Red Europea de Memoria y Solidaridad (ENRS) pone en marcha la decimotercera edición de su campaña «Remember. 23 de agosto», una iniciativa de sensibilización pública que analiza los crímenes del nazismo y del comunismo, así como su importancia duradera para los europeos de hoy en día.
Esta fecha conmemora el pacto Molotov-Ribbentrop, firmado el 23 de agosto de 1939. Sobre el papel, se trataba de un tratado de no agresión; en la práctica, su protocolo secreto dividió Europa Central y Oriental entre la Alemania nazi y la Unión Soviética, allanando el camino hacia la Segunda Guerra Mundial. Lo que siguió —campos de concentración, gulags soviéticos, el Holocausto, décadas de opresión— sigue marcando hoy en día a la región y continúa resonando en las historias familiares.
Este año está dedicado a Dra. Stefania Perzanowska, una médica que, en enero de 1943, puso en marcha un hospital en el interior del campo de concentración alemán de Majdanek, salvando así la vida de sus compañeros de cautiverio a pesar de que prácticamente no disponía ni de material médico ni de medicamentos. Por aquel entonces, desconocía que su marido, el doctor Zygmunt Perzanowski, también médico, llevaba ya casi tres años muerto, asesinado durante su cautiverio soviético entre las víctimas de la masacre de Katyn.
«La historia de Stefania y Zygmunt Perzanowski pone de manifiesto un aspecto que a menudo se pasa por alto en los relatos sobre la Segunda Guerra Mundial: que la Alemania nazi y la Unión Soviética, a pesar de sus distintos métodos de terror, devastaron a las mismas familias —a veces simultáneamente, desde frentes opuestos—. Sin comprender lo que ocurrió el 23 de agosto de 1939, y todo lo que se derivó de ello, resulta difícil entender no solo la historia del siglo XX, sino también por qué tantas de estas historias han permanecido desconocidas durante décadas. En una época marcada por la desinformación y por los crecientes intentos de difuminar las responsabilidades de esos crímenes, recordar vidas como las suyas ya no es solo un deber para con el pasado. «A la sombra de la guerra en Ucrania, esto forma ya parte de la forma en que las sociedades desarrollan su resiliencia frente a la distorsión de la historia», explica Rafał Rogulski, director de la ENRS.

