La Unión Europea debe volver a ser popular.

Henri Malosse

Noticias

8 de septiembre de 2021


Es gratificante que los Estados miembros de la UE hayan convocado una conferencia sobre el Futuro de Europa que celebró su primera reunión plenaria el 19 de junio, más de veinte años después de la Convención sobre el Futuro de Europa que dio lugar a un futuro Tratado Constitucional, abortado como sabemos tras la
votos negativos de los ciudadanos holandeses y franceses.
Pero la realidad es que desde este fracaso, la UE ha ido acumulando votos negativos, como hemos visto con los referendos de Irlanda, Dinamarca, Grecia u Holanda, pero sobre todo con el inesperado voto a favor del BREXIT.
El BREXIT marca la primera salida de un Estado importante en la construcción de Europa, el Reino Unido, país al que Jean Monnet estaba tan unido que fue él quien elaboró un proyecto de fusión con Francia durante la debacle de junio de 1940. No fue hasta la salida del general De Gaulle de la escena política francesa cuando el Reino Unido, reacio a cualquier idea de puesta en común de los recursos europeos, se puso finalmente detrás de la bandera de las barras y estrellas de Europa. Jean Monnet se alegró públicamente.

Aprender de nuestros fracasos:

La salida del Reino Unido, tras una votación popular, es un trauma del que debemos aprender. La clásica explicación de Bruselas sobre la manipulación de la opinión pública en Inglaterra por parte de los populistas y la prensa antieuropea no es suficiente para explicar este resultado. También es muy inquietante constatar que fueron las clases trabajadoras, los barrios y las ciudades menos acomodadas las que votaron a favor de la salida de la UE, ¡las mismas personas que Jean Monnet y Robert Schuman querían movilizar a favor de la construcción europea que les traería paz, prosperidad y progreso social!

La lección que podemos aprender de este fiasco es que la distancia entre las instituciones y la gente, y en particular los más pobres, es dramática.

Por lo tanto, es esencial que, en esta conferencia sobre el futuro de Europa, saquemos las lecciones correctas y reales del BREXIT, ¡no las que nos gustan y nos convienen!

Por lo tanto, debemos recuperar la confianza de los ciudadanos, y en particular la de la clase trabajadora.


Es positivo que los miembros del Comité Ejecutivo de la Conferencia hayan anunciado que prestarán la máxima atención a las opiniones que los ciudadanos y la sociedad civil expresen, tanto a través de una plataforma abierta a las sugerencias de todos como a través de paneles de ciudadanos.


Sin embargo, insisto en que los paneles de ciudadanos deben reflejar toda la diversidad de opiniones europeas y, sobre todo, no deben limitarse a los "sospechosos habituales", personas de habla inglesa acostumbradas a los pasillos de Bruselas y Estrasburgo. Los primeros indicios que tenemos al respecto no son muy alentadores.
También será fundamental que los puntos de vista, sugerencias y opiniones presentados en la plataforma y por los paneles de ciudadanos no sean tratados de forma anecdótica, sino que sean considerados seriamente por la Conferencia.

También sería deseable que no hubiera sectarismo en la consideración de las opiniones de los ciudadanos. No hay que rechazar todas las críticas por principio, como lamentablemente hace la Comisión de Bruselas con demasiada frecuencia. Si sectores enteros de nuestras sociedades se han distanciado no de la idea europea, sino de las instituciones europeas, es porque se ha desarrollado la idea de una Bruselas que sólo vela por los intereses de los ricos y las élites.


Debemos demostrar que vamos a escuchar al pueblo.

Esta oportunidad única de consultar a la opinión pública no debe considerarse como un truco: los resultados esperados de la Conferencia, en la primavera de 2022, deben reflejar las expectativas de los ciudadanos europeos, ¡y no sólo las proyecc